domingo, 8 de abril de 2012

Nada describe tal cual mi sentir... y es increible como a pesar del paso del tiempo sigo enganchada a ti



CUENTO CON OLOR  A TI...   
Y así fue como después de una semana de vacaciones a ella ya le parecía una eternidad mal comprendida, le escurrían unas lágrimas gordas y saladas que golpeaban fuertemente el suelo, como si quisieran vaciar su lastimado y aburrido corazón. Había pensado que sería de lo más estimulante, estar un tiempo sin obligaciones, solo disfrutándose los dos y por supuesto descansando del ajetreo del trabajo y de la rutina de todos los días. Pero desgraciadamente no estaba siendo así…
No había querido darse cuenta de lo que realmente estaba sintiendo pero después de cuarenta minutos sentada en el quicio de la puerta fría del patio, observando cómo se revolcaban por una pelota azul de plástico sus dos perros orejones y torpes, de pronto supo con toda la certeza del mundo que el origen de todos sus malestares radicaban en la inmensa soledad que sentía.
No sabía porque a él le resultaba tan complicado entender que lo único que ella pedía era atención, lo peor que le había pasado era sentirse sola en su compañía, era como una sombra en la casa dando vueltas y esperando por un minuto de platica, de cariño, por una caminata juntos o simplemente por un te quiero espontaneo que no llegaría jamás…
Estaba llegando a pensar que era muy exigente, parecía que esperaba demasiado tratándose de él y por eso le dolía no obtenerlo. Por ejemplo, el día de su cumpleaños espero y espero y espero eternamente por una tarjeta, una flor cortada del jardín que tanto cuidaba, una insinuación indecorosa, ¡algo! Pero solo obtuvo un abrazo y un beso como el que le daba todos los días, monótono y sin mayor sentimiento.
Se preguntaba ¿Cómo llego a esto? ¿Como invadió el tedio y la monotonía todos los ángulos? ¿A qué hora adquirió su corazón un solo ritmo? ¿Cómo omitió que cada día escribían algo en ese libro? Cuando cada vez que se recorrieron hicieron surcos en su piel que quedaron marcados para la eternidad… pero hoy estaba embriagada en una austeridad de sentimientos y ansiaba escapar ahora de los mismos volúmenes y de la deformidad de ese amor. No supo en qué momento dejo de sentir, no le gustaba pensarlo, eso no era lo que había esperado y sin embargo así era.
Se sentía frustrada, porque por el renuncio al trabajo que  tenia, a los largos cafés con sus amigas, a los centros comerciales, al tráfico de la ciudad, a las caras conocidas, a los nuevos restaurantes, a los cines amplios con películas de moda, al pequeño departamento con olor canino, a sus prisas, a las múltiples opciones y a todos esos detalles insignificantes que representaban su vida en esa ciudad que dejo por seguirlo.
Y ahora duele, porque ella todavía recuerda que un día sudaron, se besaron, se desearon y se amaron; y hoy ya no continua viéndola igual que antes ya no estudia sus curvas, ni mide sus ganas, ni cuenta sus latidos, ya no siente su mesurada calidez.
 Está esperando que pase algo para que no cierre los ojos, que no se dé por vencido, que no sepulte así su corazón, que apriete su mano, que no la suelte, que no se ausente hoy, ni mañana, ni ayer, ni nunca; que haga que le llore otra vez por amor, que le sufra, que vocifere sin voz y se llenen sus venas secas y exprimidas.
 ¿O podría ser que así es el amor? ¿Y que iba a estar a su lado en la eternidad y tenía que sacrificar todo? El amor era algo incomprensible hacia que le doliera algo por dentro, no podía pensar, ni ser objetiva porque ese amor le resultaba dañino, no entendía porque lo promovían, si era una droga que la estaba destruyendo.
Y a pesar de todo no podía estar sin él, lo supo desde la primera vez que la beso, y tuvo la seguridad que estarían juntos por siempre, fue como si su cuerpo comenzara a reclamar esa otra piel, como si sus ojos no tuvieran más alcance que el brillo que encontraba en los suyos, como si la cabeza lo incluyera espontanea y obligadamente en cualquier sentimiento.
Pero ¿Qué diablos pasaba ahora? ¿Cuándo se convirtieron en esclavos del tiempo? No lo sabía y no lo entendía, ya no podía pensar en el día de mañana cuando todavía no acababa de imaginar cómo terminaría el día de hoy. Un día como hoy, donde el cielo estaba nublado, corría un aire húmedo que esperaba se llevara todos sus malestares y limpiara de tajo sus confusos pensamientos.
-¿Por qué no saben hablar? – pregunto de golpe a sus fieles compañeros- sería muy bueno que pudieran contestarme…-
En serio que extrañaba su vida… como la extrañaba…
De pronto el interrumpió sus pensamientos apareciéndose en la puerta del patio; por un momento tuvo la esperanza de que algo interesante ocurriera en esa tediosa tarde de otoño. 
 – Voy a salir, no tardo, ¿estas bien? – dijo de prisa. 
–Si – contesto ella en corto y sin voltear. Adiós esperanza.
 –Al rato vengo-
Había aprendido que “al rato vengo”, “no tardo” y todas esas frases, lo único que indicaban eran todo lo contrario, tenía que hacer algo, porque no podía seguir viendo pasar la vida frente a ella sin sentido algún.
Estaba comenzado a obscurecer, hacía calor y sentía un sudor pegajoso que le recorría la espalda y unas gotas escurrían por su frente, a estas alturas solo le quedaba acostarse y dormir.
 Dejo correr el tiempo mientras evaluaba tristemente los daños adquiridos, porque cada día le pesaba más esa rutina y hoy particularmente se sentía débil para seguir llevándola, el desaliento se apoderaba de sus rincones más frágiles y escondidos.
Hoy es uno de esos días. De esos en los que solo quería gritar desmesuradamente para huir de esa realidad cretina y enlodada; pero ahí seguía, estancada en ese espacio y se despellejaba de ansiedad, su piel se agrietaba y cada una de sus hastiadas células lloraban por recuperar la lozanía, la ingenuidad, el hambre de ilusión, estaba siendo víctima de un abandono. Un abandono de el, un abandono de ella misma.  
Y sin embargo dolía. Y sin embargo la absorbía y la acorralaba. Quería cerrar los ojos y dormirse para después despertar de la pesadilla escuchando de fondo una canción que le recordaba su primera vez y el cuerpo se le erizaba. Y es que ella ha sido solo de él, completa e involuntariamente suya; ese hombre le conto los poros,. Se apodero de sus texturas y le mostro la mujer que no conocía. Pero también la ha herido, la ha ultrajado, la ha lastimado, hasta terminar con la ultima callosidad de su ser.
Y no conforme lo volvió a hacer, y otra vez y otra vez. Por eso hoy quería dejarlo con sus provocativos besos que hacía mucho no llegaban, dejarlo con sus jadeos y sus sabanas roídas y no volver a ver la perfecta armonía que pretendía vivir y ese estructurado futuro, alejarse de una vez de sus geométricas obligaciones, de sus razonados movimientos y sus grandes habilidades; de esa aburrida fotografía en blanco y negro que diseñaba a diario y que ambicionaba imprimirla en ella.
 Le faltaban motivos, la  llenaban los vacios, los silencios, la espera, la ambigüedad. Se perdió el equilibrio entre el dolor que los promovía y el amor que los eximia, Cupido es un espectro que huyo de sus vidas y no puede más, toco fondo y le llego el fango a la garganta y ya no pudo escupirlo, se colmo, se sacio, se inflamo de hastió; de amargo y adherido hastió. No puede dejar de cuestionarse ¿Por qué ya no lo nota? ¿Cuándo paso a ser un objeto en su planeado ambiente? No sabía cuando cambio la escala en que median sus estímulos y era horrible sentir esa soledad, era desesperante ya no saberse y sentirse única. Única para amar, para platicar, para vibrar, para complementar, tenía que irse, era hora de partir, de cerrar ciclo y nacer otra vez.
Así es que sin pensarlo más, alisto una maleta y decidió llevarse todas las cosas que él no quiso compartir, como la Poesía que ella le escribía y que nunca comprendió, guardaría el respeto que le perdió al ignorarla, se llevaría las necesidades que no supo saciar, empacaría los sentidos que se acabo a gritos, enterraría la historia que nunca quiso entender, protegería el corazón que no supo robar.
Hoy se hurtaría a la mujer con sus huesos y sus problemas, con sus ideas y sus excesos, escondería para siempre sus sonrisas y su molesta delicadeza, se llevaría sus conceptos y sus necedades, sus sueños y alternativas, su dignidad casi perdida y su olvidado cuerpo; se llevaría para siempre su escándalo y su pudor.
Conservaría todo lo que hoy no ve en ella y sin embargo lo explota, acarrearía todos los detalles que no llegaron y las sutilezas omitidas, tristemente sabe que recordara su desgano y su indiferencia, sus criticas e inconformidades, apilara en un cajón los amaneceres no vistos y los sabores no compartidos, estamparía en su piel su orgullo para no olvidarlo, por si en algún momento piensa dar vuelta atrás.
El, se puede sentir orgulloso porque lo logro; al fin lo hizo, extinguió la humedad de las noches y todas sus fantasías, acabo con la espontaneidad de recrearse a cada segundo, Borro el infinito y puso un margen inflexible, dejando entrar la epidemia de la duda, oculto sus sentimientos y enterró los de ella estando aun vivos.
Y pensar que eran únicos, eran mitades compartidas y estaban solos en el mundo. Solo él para ella y ella para él. Que desesperación ver que no podrán regresar a eso; aunque en realidad ya no saben si pueden, y es que no existe el remedio que cure ese escamado corazón, se quedara en el limbo hasta que alguien los recuerde y rece por lo que fueron, ella quiere vomitar a ver si así lo saca para siempre de una vez de su alma y al fin lo desincrusta y deja de ser esa molesta espina en los retazos de vida que le quedan.
Tuvieron un sueño por realizar, tuvieron una canción que cantar, tuvieron una luna que mirar, tuvieron un sitio para escapar, tuvieron un cuerpo que desear, tuvieron un mañana por llegar, tuvieron un hogar que habitar, tuvieron un deseo por colmar, tuvieron un solo destino que compartir, tuvieron una mascota, una cama, un mismo aire, un solo corazón.
En algún lugar debió quedar todo eso pero no encuentran ya el mapa para llegar, por lo tanto ella sigue esperando… y el que no llega para despejar el camino. ¿Será que ya no regresara?; en algún momento perdieron el miedo y gano el abandono, ese abandono del corazón que solo se entiende cuando has aprendido a pertenecerle a alguien, el abandono que permite sumar daños sin hacer cuentas.
 Y hubo un momento en que deliraron, suspiraron, recordaron, perdonaron, olvidaron; le cambiaron el color al cielo y eternizaron el aire que los encerró en esas paredes, mintieron, creyeron, quisieron, huyeron; se sumergieron en un instante efímero e irreal, se miraron como ciegos absorbiendo sus sentidos, se tocaron y reconocieron el camino que los llevaba a casa.
Se contagiaron, se curaron, se irritaron, se lastimaron, respiraron; abrieron por siempre sus entrañas y las entregaron sin importar nada estableciendo el sitio perfecto para hacer durar esos constantes latidos, se gritaron, esperaron, recibieron, eclipsaron, giraron y no pudieron dejar de arrancarse esos trozos de alma, el amor los maduro y los hizo correr hasta esa demencia provocada.
De pronto y para su sorpresa el llego.
Ella observo como pasaba enfrente sin notarla, sintió que las ruinas que empezaba a levantar otra vez estaban por caerse, estaba enfurecida por lo que no se había atrevido a decir y a dejar, y es que no le faltaban pretextos, le faltaba amor… le faltaba el.
Su memoria estaba llena de reclamos y reproches, el sabor amargo que tenía en la boca no se le quitaba y llorar ya no era fácil aunque en este caso era preciso. Y ella como loca grita sin ser oída- ¡a pesar de los pesares TE AMO! ¡SOLO DIOS SABE CUANTO TE AMO!...
Sabe que él le pertenece así como cada uno de sus sonidos, pero se odia por estar ahí anclada amándolo y deshaciéndose sin respuesta; es como una infección que la domina, es como un tumor inextirpable, es como una flama inextinguible, es su martirio inevitable, es su angustia constante y lastimera. Es su amigo, su cielo, su amante, su oxigeno, su entrañable compañero, su música de fondo, su consejero, su hombro en el cual descansar, su eje, su razón más poderosa, su desgracia y su locura.
De repente y sacándola de sus mas sumidos pensamientos, apareció de nuevo en la puerta de la habitación, sereno y callado le brindo una extensa sonrisa, acerco su cuerpo al de ella y sintió ese calor que emanaba. Puso sobe su pecho una margarita blanca del jardín, paso su brazo sobre sus hombros y susurro en su oído: - Ya llegue amor… ya estoy aquí!!!
(Siempre en mi mente y en mi corazón)

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