Intento que mis manos naveguen solas, las muevo como mis alas. Sé que tengo que hacerlo... Se que puedo hacerlo.
miércoles, 4 de abril de 2012
El corazón no deja de llorar...
Después de llorar muchas lágrimas de todos sabores, he llegado a las insípidas, las que ya no llevan nada, las que brotan por instinto, las que salen del alma, las que escurren limpiando los residuos, las que podrían confundirse con gotas de lluvia, las que son infinitamente cristalinas, las que ya no se sienten, las que se evaporan, las que no dejan huellas, las que surgen por inercia, las que no pueden ser evitadas, las que tienen un ritmo marcado y pausado, las que se absorben en la piel, las que clarean los ojos, las que son necesarias para recuperar el aliento.
Y es que esto duele profundamente. Eso sí lo sé. Duele mucho más de lo que quisiera. Dime por favor ¿por qué tomaste mis manos y me llevaste a volar? ¿para que derramaste estrellas en mi bóveda celeste? ¿por qué hiciste de mi piel tu lecho? ¿por qué me llamaste mujer mar? ¿por qué no me comprendiste un poquito más como para cautivar mis hábitos en la eternidad de la rutina? Hoy me dueles, me dueles en los ojos, en la boca, en las piernas y en el alma… ¡de verdad que como dueles carajo! dime… ¿qué no me extrañas tanto que repasas de memoria cada una de mis células?, porque yo sí lo hago…
Por lo pronto, sigo sumida en lo hondo del sillón, en silencio y desolada por dentro, les dí permiso a mis ojos a dejar brotar otra vez un montón de lágrimas, más bien un océano de lágrimas que de nuevo adquirieron sabores extraños y amargos, unas lágrimas gordas y pesadas que no sólo mojan, también golpean y laceran y lastiman y hieren y escurren hiel y su sabor no deja cerrar las heridas, sólo las hace más profundas, tanto que pasan de la piel hasta los huesos. No lo puedo evitar, no lo quiero evitar, no lo trato de evitar, las lágrimas salen con vida propia de mis ojos, me invaden, se apropian de mi razón, me alteran, se apoderan del resto de cordura que había en mí.
Creo que el porcentaje de agua que tengo en mi cuerpo ha disminuido tanto que voy a deshidratarme, ¡¡necesito un doctor, una pócima, una medicina, un brujo, un hechizo, una receta mágica, una oración, lo que sea!!. Necesito hospitalizarme lo antes posible, porque este dolor intenso no cesa y estoy comenzando a creer que me va a matar.
Reconozco que esto es un suicidio, lento, doloroso y cien por ciento consciente y consumado. Pero continúo mi odisea de llanto por el tiempo que mi perturbada y nublada razón me permiten hasta que me parece que otra vez regresan las lágrimas insípidas, las que ya no llevan nada, las que brotan por instinto, las que salen del alma, las que ……….
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